En estas líneas les cuento una historia iniciada hace casi 10 años, cuando llegó a mis manos un volante de cierta clínica de estética en la ciudad de Guadalajara, que prometía hacerte quemar absolutamente toda la grasa del abdomen por medio de inyecciones de cítricos. El costo era bastante accesible y, como mujer, la promesa de la belleza en un abdomen “post parto” me resultó muy tentadora. No pasaron ni 15 minutos cuando ya estaba en el teléfono concertando una cita. El día y la hora señalados acudí al lugar, un sitio que parecía higiénico, en donde un montón de diplomas adornaban las paredes. Una amable chica me atendió casi de inmediato, la consulta no duró ni media hora, la entrevista anterior al procedimiento sólo se conformó por una pregunta y una respuesta “¿Qué es lo que necesita?” dijo ella “bajar la panza con el procedimiento que dice este volante” contesté yo.
Me fueron aplicadas varias inyecciones en diversos lugares del abdomen. Debía acudir una vez a la semana, a repetir el procedimiento. Dicho sea de paso, ese día ya había arrastrado a mi vecina, una amiga y su hermana al consultorio, a quienes les había comentado de esto y también se interesaron y por supuesto, se sometieron al tratamiento. ¡Grave error! A los pocos días de realizado, primero se formó una roncha roja en los sitios infiltrados, luego una enorme ampolla, que terminó poniéndose morada y reventándose en un líquido que parecía pus con sangre. Muerta de miedo acudí al médico, quien después de un largo sermón, me envió al Dermatológico en calidad de emergencia. Y mis amigas estaban igual que yo, unas menos y otras más… pero todas jodidas.
El médico que me atendió me explicó que se trataba de una reacción al producto que se había aplicado, el cual tenía todas las características de ser un ácido. Luego de semanas de consulta en el dermatológico, lo único que conservo de esa amarga experiencia es el recuerdo de las dolorosas curaciones y unas cicatrices blancas y redondas en el estómago…
En nuestro país se realizan diversos tratamientos estéticos no quirúrgicos, muchos de ellos, procedimientos prohibidos por la FDA (EU.) y las autoridades sanitarias de la Comunidad Económica Europea, como los implantes –senos, glúteos, piernas-- con cualquier tipo de silicona o biopolímero, que está comprobado que pueden crear infecciones, granulomas, dañar la circulación, migrar a distancia y producir asimetrías en los lugares donde se aplica y empeorar cuadros de celulitis. “Lo grave es que los granulomas y muchos efectos secundarios por lo general no se presentan de inmediato sino tardíamente. En muchos casos hasta cinco y 10 años después de su aplicación”, menciona la doctora Klara Senior, quien explica que la mitad de las pacientes que acuden a su consultorio tienen implantes faciales previos con biopolímeros en la frente, entrecejo y patas de gallo, además de los labios y surcos que rodean la nariz y la boca. Todos estos, en el mejor de los casos, pueden provocar rostros carentes de expresión, facciones visiblemente alteradas y caras rígidas, como de muñecas de cartón.
Otro famosísimo procedimiento es el implante de placenta en el área de los ovarios, para el rejuvenecimiento, yo sólo me pregunto ¿De dónde viene la placenta? Pues de un ser humano… y ese ser humano ¿Me puede garantizar que esta libre de SIDA, hepatitis C, enfermedades de transmisión sexual, etc.? O bien, quien me aplica este procedimiento, ¿ha investigado la vida y comportamientos de riesgo de la donante de placenta? Con todo el respeto que me merecen… no lo creo.
Por desgracia, en nuestro país las autoridades sanitarias quizás tienen mucho trabajo, derivado de los problemas implícitos en ser una nación con 60 millones de personas en pobreza extrema, personas que no tienen los recursos para someterse a esta clase de tratamientos a todas luces carentes de una verdadera regulación sanitaria. Sin embargo, por estos vacíos legales, todos los días llegan a los consultorios de estética miles de mujeres y hombres en busca de la belleza… personas de las cuales muchas terminan arriesgando su vida, su integridad y su patrimonio, pues déjenme platicarles que los tratamientos correctivos para los efectos secundarios de estos procedimientos no son nada baratos, eso en el caso de que se trate de daños reversibles.
Cabe señalar que aunque son los menos, muchos de estos consultorios están en manos de gente responsable y preparada y cumplen con disposiciones sanitarias de alto nivel, pero recordemos que aunque sea la misma sustancia, no va a provocar los mismos resultados en todos los cuerpos, dado que los activos químicos no tienen palabra de honor.
Tras divagar un poco, quedé más confundida, no pude encontrar a quien culpar por las cicatrices de mi abdomen ¿Una esteticista mal preparada? ¿Una sustancia de mala calidad? ¿Yo misma, que queriendo ser más bella me sometí de manera irresponsable a un tratamiento de belleza sin averiguar antes a los riesgos que me estaba exponiendo? O acaso ¿Los legisladores, quienes con tambor y pito anuncian iniciativas para intervenir cuentas bancarias de deudores de la Secretaria de Hacienda, pero que les vale IDEM la salud de las personas, en su mayoría mujeres, que pululan en esos consultorios? Claro, siempre y cuando los apellidos de las partes no salgan cada semana en las revistas, porque estas sencillas mortales no son de interés para la prensa, y solo tienen importancia cuando superan las mil y gritan todas al mismo tiempo.
¿Te has hecho algún implante…? Averigua qué sustancias o elementos usaron y si están permitidos o no en la Unión Europea o en USA. Puedes estar en riesgo.
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viernes, 30 de octubre de 2009
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