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viernes, 30 de octubre de 2009

FLORES BLANCAS



En la vida de Mina no pasaba nunca nada extraordinario ni fuera de lo común. Siempre tomaba el mismo autobús, a la misma hora en la misma esquina. Siempre con el mismo café comprado en la misma farmacia. A sus 40 años parecía que habia hecho una tranquila rutina, que a su vez le servía como válvula de escape a los mil y un achaques de su madre, a las docenas de quejas de su padre y a la envidia que sentia por su hermana Santa, quien si habia logrado casarse, quien si tenía una hermosa familia, quien si habia tenido el valor de huir de la casa paterna con aquel muchacho que la pretendio durante un par de años, a pesar de las amenazas de don Anselmo, padre de ambas, quien la habia "declarado inevitablemente muerta" tras ese gesto de desafío total a su autoridad. En cambio Alicia, Mina y Manuel, los demás hermanos, jamás pudieron llevarle la contra, y aún mas... Alicia y Manuel se habian unido la iglesia, el como sacerdote y ella como monja, para beneplácito de sus padres, quienes sostenían la creencia de que si un hijo dedicado a la vida religiosa aseguraba el cielo para sus padres, con dos siervos tan humildes, seguramente tendrían ganado el paraíso...
A Mina hasta dedicarse a la vida religiosa le fue negado, ya que era necesario que permaneciera soltera y a cargo de sus padres... el único alicente que le daba sentido a su vida eran las furtivas visitas de su sobrina Amelia, la hija menor de Santa, quien la habia ayudado a conseguir un empleo de medio tiempo como asistente en una oficina de gobierno municipal. A regañadientes, Anselmo le habia permitido trabajar, puesto que debido a su edad avanzada y a la falta de alguien de confianza para manejar sus negocios, estaba a punto de la ruina económica; de ese modo Mina aseguraría una pensión que le podría permitir pasar su vejez con dignidad.

Cuando esa mañana entró a la oficina y se dispuso a comenzar a trabajar, quedó sorprendida al ver las miradas de sus dos compañeras de trabajo, quienes cuchicheaban al verla, y mas aún cuando sobre su escitorio encontró un hermoso arreglo de rosas blancas y gardenias. Silvina, su compañera, se aprestó a su lado:

-- ¡Qué guardadito te lo tenias, manita! ¿quién es el galán?
-- Si se trata de una bromita, es de muy mal gusto, Silvina... a mi no me gustan estas cosas...
-- ¿cuál broma? ¿crees que...? ay manita... estas muy equivocada. A las meritas ocho, cuando yo llegué a abrir, estaba un mensajero de la floreria aqui afuera. Me preguntó por ti, con los dos apellidos y todo, y me dijo que le fimara de recibido; ahi dentro trae una tarjeta. Haz de disculpar pero las muchachas y yo no aguantamos la curiosidad, la abrimos, no trae fima, pero por lo que dice... el hombre anda colgando de una ala atras de tus huesitos.

"MINA: NO SE COMO ACERCARME A TI, PERO QUIERO QUE SEPAS QUE TE AMO"

La mujer se quedo muda... no daba crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Cuando era mas joven resultaba una mujer atractiva, pero ahora, a su edad, con los estragos de los años en su piel y la ropa aseñorada que solía vestir... ¿quién podría ser el pretendiente? Sus cavilaciones terminaron cuando se apareció Amanda Tovar, la jefa de la oficina, quien con la voz entrecortada por el coraje mal disimulado, puso a todas en paz.

-- A ver si se dedican a trabajar, menos plática y mas acción... Y tu Mina, toma tu lugar, que de por si ya llegaste con retraso.

En los 11 años, 4 meses y 26 dias de trabajo que tenia en ese lugar, jamás habia recibido un ramo de flores, ni en su cumpleaños, ni en navidad. De hecho era la primera vez en su vida que le regalaban flores. Ese dia el turno fue igual de largo que siempre, pero el aroma de las gardenias le hizo disfrutar su trabajo como nunca, pese a la multitud que discurria por los pasillos buscando hacer un trámite. A la salida, Silvana le preguntó

-- Mana ¿no te vas a llevar tus flores? mira, si estan bien chulas...
-- No... es que... tu sabes, los camiones... mejor las dejo aquí... además adornan bien bonito.

La realidad era que temía la reacción de Anselmo si la veia llegar con ese regalo. Pero mientras él no lo supiera, ella podria disfrutar el tratar de adivinar quien era el enamorado. Podría ser don Jaime, el de la tesorería, era viudo y alguna ocasión la quiso invitar a comer, o talvez Mario el de parques y jardines, soltero como ella y quien fuese su compañero en el colegio.
La ilusión que renace en el alma es muy sencilla de ser adivinada. Mina abandonó los trajes sastre oscuros y comenzó a portar vestidos con discretas florecitas y de colores claros. Ahora se maquillaba y siempre recibía a todos con una sonrisa. Cada lunes un mensajero de la misma floreria le dejaba el hermoso arreglo de flores blancas con mensajes de amor, y a pesar de sus numerosos intentos por descubrir al remitente interrogando al jovencito, no podía obtener datos acerca de la identidad del misterioso enamorado.
Dos meses despues del primer lunes con flores, Mina recibió ademas del arreglo un estuche con un costoso collar

"NO ES LO QUE TU MERECES, PERO SERVIRA PARA QUE LO LUZCAS ESTA NOCHE. TE ESPERO EN EL HOTEL MIRAFLORES, EN LA HABITACION 204, A LAS 8:00. POR FAVOR, NO ME DEJES ESPERANDO."

Cielos... una cita, con un desconocido y en un hotel. Horror para una señorita decente, hermana de un sacerdote y una religiosa... pero escandalosamente delicioso para alguien que jamás se habia sentido amada, ni deseada de una manera tan romántica, como salida de las telenovelas que solía ver en compañia de Dora, su mamá. Además, no tenia nada que perder. Asi que decidió inventar una mentira que le permitiera escapar un par de dias de su casa.

-- Voy a ir a Toluca a un curso... es obligatorio papá... por lo del cambio de administración de la presidencia. Sólo va a ser el fin de semana. De la oficina solo iremos Silvana y yo...

Tras escuchar el sermón de mas de una hora que le dirigió su padre, quien teminó cediendo, subió presurosa a arreglar una maleta y tomar un baño. Cuidadosamente empacó su mejor perfume, Air du temps, tomo su maleta y abordó el automovil de Silvana, quien le serviría de cómplice. En el último momento, algo la intranquilizó, ¿qué pasaría si su padre se daba cuenta? o peor, ¿si se trataba de un psicópata? Silvana la miró detenidamente, con esa mirada que parecía adivinar sus mas oscuros pensamientos.

-- Mira mana... ya estas grandecita, tienes casi 40 años, ni novio, ni marido ni nada que se le parezca. Además, tus papás, con todo respeto, ya andan dando los últimos resuellos, y te vas a quedar sola... o que ¿piensas que Amelia se va a hacer cargo de ti? Total, llega al hotel, abre el cuarto, velo... A fuerzas es uno de tus conocidos que se anda haciendo el don Juan y si fuera un loco, ya te hubiera salido en algún callejón y no se hubiera tomado dos meses mandándote florecitas. Si no te cuadra, te sales, yo voy a estar afuera del hotel quince minutos, te trepas al carro y nos vamos a algun antro a ver encuerados. Si te cuadra, pues le entregas el tesorito, te dejas querer, y chin chin, gozalo mientras dura... pero ya quita esa cara, mujer, lo peor es que te vaya a salir gordo y feo... y a nuestra edad, ya no estamos como para escojos.

Asi lo hicieron. Silvana se quedo en el automovil afuera del hotel. Ella llegó a la recepción, desde donde amablemente un bell boy la acompañó a la habitación donde ya la esperaban. Cuando vio aquella silueta en el claroscuro de las velas, no dio crédito. De todas las posibilidades que pensaba esa era la mas remota, es mas, ni siquiera llegaba a posibilidad. La voz de su acompañante intrrumpió sus pensamientos.

-- Disculpa que te haya citado aqui de esta manera, pero no sabía como tomarías esta invitación. Antes de que digas algo, quiero que sepas que desde hace años me inspiraste un amor desesperado, que tenerte cerca era una tortura por no poderte decir lo que yo estaba sintiendo. Mina, eres el amor de mi vida.

Mina se confundó aun mas, no tuvo tiempo de reaccionar cuando aquellos labios la besaron apasionadamente. Con todo cuidado las manos suaves se posaron en su cintura y empezaron a desvestirla. Sin lugar a dudas era la experiencia la que la estaba acariciando. Ella no podia contener las sensaciones que su cuerpo le estaba regalando y correspondió con la misma intensidad. Sus ojos se posaron en los de su amante, de quien le estaba enseñando por pimera vez el amor. Asi, poco a poco, las velas se fueron consumiendo dando lugar primero a la oscuridad total que era interrumpida por la respiracion acelerada, y luego a la luz del día que comenzó a colarse por la ventana, encontrandola en los brazos de quien la hizo mujer en una noche.

Esa mañana Mina no sentia arrepentimiento... Sólo no podia entender como no se habia dado cuenta de la situación, como despues de mas de once años trabajando en el mismo lugar, nunca supo que su jefa, Amanda Tovar era lesbiana, que estaba enamorada de ella, y que era quien cada lunes le mandaba esos hermosos arreglos de flores blancas que adornaban su escritorio y que la habian hecho volver a nacer.

EL CALENTADOR


Al abrir la puerta de aquella casita de interés social, lo primero que se observaba era el viejo retrato de bodas de Catalina y Braulio. Ella era una novia casi adolescente, sonriente, enfundada en un blanco vestido de raso corte imperio, con una corona de azahares y rosas artificiales; El un poco mas atrás y abrazándola tiernamente por la cintura, en aquel traje color marfíl que habia costado "una millonada". Como fondo, el retablo dorado de la Iglesia de La Purisima, la mas vieja del pueblo y de toda la Cienega, que ahora hasta patrimonio cultural de la nación habia resultado. Por el estilo de la fotografía y el peinado de la novia era fácil adivinar que la pareja habia contraído matrimonio a fines de la decada de los noventa. A un lado de esa fotografía, habian otras tantas, como en cualquier casa, todas de padres e hijos disfrutando momentos especiales, como la primera comunión de Yamilé, su hijita mayor, o el bautizo de sus hijos gemelos Fernando y Armando. La pulcritúd del hogar era evidente. Ni una mota de polvo, ni un recipiente fuera de su lugar. El piso de mosaico económico brillaba de limpio, y en cada rincón saltaban los detalles que evidenciaban la presencia de una ama de casa dedicada.
Eran las cuatro de la tarde. Catalina salía a la cochera una y otra vez, abria el barandal blanco y miraba hacia ambos lados de la calle. Nada. Gloria Maria, su vecina, se acercó a ella.

-- ¿Que te pasa, Cata? vas y vienes como desesperada.
-- Ay, amiga. Figúrate que otra vez se descompuso el boiler. Ya le hablé al plomero, pero el muy flojo no llega. Yo creo que lo tendremos que cambiar de plano ¡Y con tántos gastos como tenemos ahora!
-- Uy, pero harias bien... Es la cuarta vez en estos 15 dias que tienes que hablarle al plomero. Si te hubieras ahorrado lo que le pagas por cada venida, ya tuvieras para cambiarlo por uno nuevo y hasta automático.

Cata sonrió levemente por la ocurrencia, justo en ese momento, una camioneta pick up azul daba vuelta a la calle, conducida por un joven de algunos 25 años, moreno, de cuerpo atlético, que al ver a la joven señora parada en la puerta de la casa, se dirigió a ella.

-- Déjeme me estaciono... y luego lueguito bajo a revisar.
-- Mira... Ya llegó... a ver si ahora si trabaja como se debe y no hace cochinadas.

La pareja entró a la casa apresuradamente; Catalina cerró la puerta tras ellos y acto seguido tambien las persianas. De inmediato, se abalanzó a abrazos y besos sobre el joven, quien la levantó del suelo, y cargando la llevó hasta la cama de su domitorio.

-- Pérate... ¿Dónde están los niños?
-- Se fueron al cine con mi hermana Lily, hoy se van a quedar a domir en su casa...
-- ¿Y tu marido?
-- Braulio no llega sino hasta pasadas las 8:00, tenemos tiempo suficiente...
-- Es que... no me siento a gusto haciéndolo aqui... mejor vamonos a un motel...
-- ¿Para qué? lo que podemos hacer allá lo podemos hacer aquí y gratis...

Los amantes se tendieron semidesnudos ambos sobre la cama. El cuerpo de Catalina fué invadido por la adrenalina de pensar en la posibilidad de ser descubierta siendo infiel sobe el lecho conyugal. Marcos, "el plomero" solía hacerla disfrutar del sexo de una manera magistral. Era tan varonil... sus manos un poco callosas por el trabajo duro eran tan distintas a las de Braulio, un pasivo oficinista. Ni siquiera cuando estaban recién casados la había hecho sentir tan mujer como el. Ahora, a sus 30 años tenia una perspectiva un tanto distinta de la vida. Consideraba que el hecho de haber llegado vírgen al marimonio no había sido sino una pérdida de tiempo. Braulio habia sido el primer hombre en su vida, pero no el único...
Seis años atrás, cuando sólo tenían a Yamilé, ella habia comenzado a ser abandonada en la intimidad por su esposo. Su temperamento pasional, la orillaba a acosarlo y prácticamente obligarlo a tener relaciones sexuales. Las discusiones por este motivo eran frecuentes, hasta que aquella tarde Braulio la habia llevado al consultorio del doctor Sierra, quien tenía algo importante que decirles.

-- Los cité aquí porque es necesario que ambos esten concientes de lo que está sucediendo. El problema de disfunción eréctil de Braulio es irreversible. El daño de las arterias, el músculo liso y el tejido fibroso, es a menudo como resultado de una enfermedad. Las enfermedades, en especial diabetes, causan aproximadamente el 70 por ciento de los casos de impotencia. Entre 35 y 50 por ciento de los varones con diabetes experimentan impotencia. Tú Braulio, has sido diabético desde tu infancia... asi que no es de sorprenderse que todavia no rebases los 35 años y presentes este problema. Quizá sea posible que eventualmente puedas tener actividad sexual, pero no puedo asegurarte nada. Catalina, eres una excelente mujer, los conozco a ambos desde que eran niños, asi que creo que estas en tu derecho de saberlo. Pero tambien estoy conciente de que lo amas, y que vas a apoyarlo.

El diagnóstico del doctor Sierra estuvo a punto de sepultar el matrimonio de la pareja. Catalina puso en la balanza la situación. Tenia una vida si no llena de lujos, si con ciertas comodidades. Braulio era un padre ejemplar y un buen marido, no iba a abandonarlo. Ademas, aún existia la posibilidad de que pudieran tener intimidad. Ambos acordaron tomar unas vacaciones por separado, el espacio de tiempo que no tuvieran juntos sería un excelente periodo de reflexión. La niña quedó al cuidado de la suegra de Cata, él partió a Queretaro y ella a Puerto Vallarta en compañia de su amiga Elisa.
Una noche ambas salieron a bailar. Catalina enfundada en un ligero vestido blanco se veía sensual; sus 24 años desbordaban frescura. En el Christine habia conocido a Shawn Sanders, un springbreaker de 25 años. Las margaritas hicieron efecto en la pareja, quienes esa noche terminaron haciendo el amor sobre la arena de la playa. El resto de las vacaciones lo pasaron juntos; Elisa se habia desaparecido con un holandés la noche en que Shawn y Catalina se habian conocido y la volvió a ver hasta que una semana después volvió al hotel para verse con su amiga y regresar a Ocotlán.
Tremendo susto pasó la chica una semana después, cuando su esperado periodo menstrual no llegó. Una prueba Predictor confimó ese mismo dia sus sospechas. Estaba embarazada, y, por supuesto, no era de Braulio, quien no la habia tocado desde hacia mas de 3 meses. Para ese momento sólo tenía por mucho un par de semanas de gestación, así que no sería dificil hacer pasar al bebé como hijo de su marido... si lograba seducirlo.
Un negligé rojo, una pastilla azul y una botella de tequila hicieron el trabajo. Para su buena suerte el pobre Braulio estaba tan borracho que ni siquiera estaba seguro de haber tenido sexo con su mujer o no... Muchas semanas después, Catalina dio a luz unos gemelos... rubios, ojiazules y de cráneo caucásico. Bueno, pero podría recurrir al cuento de la genética, pues su abuelo, nativo de Jalostotitlán, tenia algunas de esas caraterísticas que podrian hacer creíble su historia ante todos, menos ante Elisa, claro, quien le guardaria celosamente el secreto a cambio de que ella no revelara el suyo sobre el romance con el europeo.

A este evento se siguieron muchos otros enamoramientos eventuales. Un romance con Leandro Favela, instructor del gym al que iba, otro con Patricio Sosa, ex compañero de trabajo de Braulio, noches apasionadas con Martín León, el mecánico del taller donde regularmente llevaba su coche, y unos cuantos mas con Fernando, Adrian y Humberto, de quienes no recordaba el apellido, pues los habia conocido en cafeterias y antros fuera de la ciudad a los que iba en plan de ligue. Claro que ninguna de estas infidelidades habia sido significativa para ella. Fuera de su deslealtad dentro de la cama, había un gran aprecio que la unía a su marido. Asi que nunca permitió que estas situaciones tomaran algo de seriedad. Durante esos últimos seis años la habia pasado mejor que antes. Su marido trataba de compensarla, llevandola a buenos restaurantes, comprandole ropa y regalos, y los mejores aparatos electrónicos para su casa. Sus hijos estudiaban en un buen colegio... y sus aventuras la hacian sentir completa.

Marcos se levantó de la cama, donde Catalina yacia medio adormilada, cubierta unicamente por la sabana blanquísima. Tomo su camisa cuadrada y al intentar acercarse a ella nuevamente, ésta volteó la cara hacia la pared.

-- ¿Me llamarás despues?

Catalina no contestó. Claro que no iba a llamarlo, sus constantes visitas ya estaban levantando sospechas en Gloria, su vecina, y no podia darse el lujo de terminar con su impecable imagen tirada por el suelo. Sin palabras el pareció comprenderlo todo. Salió de la casa haciendo el menor ruido posible. Ella se levantó al escuchar arrancar el motor de la camioneta. Se dirigió al baño, a ducharse. Tenía todavía una hora antes de que llegara su marido. No iba a esperar que el agua de la ducha se calentara, pero se dirigió a abrir la perilla del tanque de gas que alimentaba el calentador de agua. Así cuando Braulio llegara, lo encontraría funcionando perfectamente, y por supuesto, esa tarde terminarían las descomposturas... al menos, las del calentador.
Para cuando su esposo llegó, la cena ya estaba servida en la mesa. El hombre besó amorosamente a su mujercita y la cuestionó

-- Oye cariño, ¿Vino el plomero a arreglar el boiler?
-- Si, aquí estuvo... le tomó mucho rato, pero lo dejó funcionando perfectamente... tenía tapado no se qué... Vieras, pobrecito, estaba tan apenado que ni me cobró... y mejor... oye mi amor, por cierto... mi coche anda tirando aceite otra vez, no quiero que se vaya a desbielar. El lunes voy a ir a llevarlo al taller...
-- Gastos y mas gastos... oye preciosa, ¿puedes ir ahorita a llevarle este dinero a mi mamá? yo estoy cansadísimo, y ya sabes como es... se agarra en la platica y no me va a dejar venir antes de la media noche.

La trivial conversación entre la pareja duro unos minutos mas. La casa de su suegra estaba un poco lejos, asi que Catalina se aprestó a marcharse. Cuando el giro de la chapa del barandal le avisó a Braulio que se había marchado, el se dirigió rapidamente a la habitación y conectó la cámara de video a la pantalla de televisión. Las imagenes de la tarde que su mujer habia pasado con el plomero desfilaron ante sus ojos. Lejos de causarle coraje o decepción, el placer de su pareja le provocaba un morboso placer mental, ya que físcamente era incapaz de conseguirlo. El tenía mucho tiempo sabiendo de las infidelidades de Catalina. Una tarde de tantas, la había seguido a una de sus acostumbradas salidas. Fue testigo de los coqueteos de ella, de como había conseguido la compañia de un extraño, de como ambos abordaron un automóvil y se dirigieron al Auto hotel Oasis...

Ese día sus sentimientos estaban revueltos, por una parte, queria matarla, acabar con ella y con su infidelidad de la cual ya sospechaba. Por otro lado, Catalina era la esposa perfecta, hermosa, buena madre, bien administrada, limpia y amable. No era justo que ella sufriera, condenada a un matrimonio donde el sexo brillaría por su ausencia. Pero tampoco quería ser abandonado. Asi que desde entonces, una cámara de video era el mudo testigo de lo que sucedía durante su ausencia. Ella era feliz con su mentira... y el había aprendido a vivir con su verdad y con las docenas de grabaciones que guardaba celosamente bajo llave en el cajon del buró.